jueves, 6 de abril de 2017

El género Populus comprende unas cuarenta especies de árboles y arbolillos de las zonas templadas y frías septentrionales, en concreto las que se conocen vulgarmente como álamos o chopos. Aparece en el Cretáceo inferior, si bien es en el Terciario cuando alcanza amplia representación. Pertenece a la familia de las salicáceas.
Localización
Son nativas de las regiones templadas del hemisferio norte e introducidas en el hemisferio sur. Está muy extendido el híbrido de esta especie, sobre todo orientado a su potencial productor.

Descripción

Son árboles o arbolillos, de hojas simples, alternas y caedizas, habitualmente anchas y de bordes enteros, aserrados, dentados, lobulados o festoneados. Sus yemas están cubiertas por escamas. El peciolo, largo y glanduloso, con frecuencia aparece comprimido lateralmente, lo que confiere gran movilidad a la hoja.
El fruto, con forma de cápsula, es lampiño, dehiscente, de color verdoso que se torna pardo al madurar, y libera numerosas semillas pequeñas provistas vilano blanco, lo que les confiere aspectos de copos de algodón.
Son especies de luz y de temperamento robusto. Suelen mostrar gran avidez hacia el agua, por lo que es frecuente encontrarlos a la vera de corrientes de agua superficiales o delatando cursos subterráneos. De crecimiento rápido, pueden alcanzar grandes tallas. Sus necesidades en cuanto a nutrientes son elevados.

Simbología

Álamos de las márgenes del Duero en San Saturio, Soria
La imagen que siempre ofrece el álamo es alegre y juvenil, llena de vida. Los celtas lo llamaban Aeda, que significa el que evita la muerte. Los miembros de este pueblo decían que en el susurro de sus hojas con el viento, se oían voces del mundo de los espíritus. Construían escudos con madera de álamo, no por sus características físicas, sino por el concepto que tenían del árbol, para evitar la muerte. A todo esto se le suma el hecho de que crecen en terrenos acuíferos, portadores de vida, de donde toman mucho de su carácter.1
Álamos y ríos, ríos y álamos. Quizás sean los poetas y los pintores quienes mejor entiendan la relación del árbol con su medio natural. Así los álamos tanto aman los cursos de agua que, como dice Antonio Machado –copian del agua del río las vivas ondas de plata. En una alameda, se puede ver avanzar el viento como una onda de plata por el aspecto centelleante de sus hojas.
A medida que cambian las estaciones, el álamo muda su carácter. No solo muestra la inocente alegría de los claros días de primavera. Cuando exhibe su llamativo porte dorado, entonces es la imagen misma del otoño. Por eso muchos poetas han visto en los álamos el reflejo de nuestra alma. 1

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